Más allá del chasquido de Thanos, lo que sí es inevitable es el paso del tiempo, así vemos que los millennials están pasando de moda porque los que pertenecen a esa generación ya tienen entre 25 y 38 años, edad suficiente para ser parte del mundo laboral.

No es que un trabajo los haya encerrado y con esto pierdan los rasgos distintivos de su generación, más bien su enigmática personalidad es la que se ha ajustado al sistema; si bien han creado nuevas concepciones y procesos al final están siguiendo el recorrido que les corresponde. 

Suena medio aterrador, pero a todas las generaciones les pasa, tienen una época dorada en la que representan los grandes ideales de una sociedad, siendo motor de cambios, implementando tendencias, hasta que el tiempo los va situando en la rueda que sostiene al mundo.

A los millennials les está ocurriendo, han evolucionado, ajustándose al mundo que les toca vivir e impulsando la economía, la cultura, lo social, aunque empiezan a ser nostálgicos, el mayor síntoma de que el tiempo ha alcanzado a una generación.  

Cuando decimos adiós a la época dorada de los millennials no quiere decir que no tengan fuerza, al contrario son la generación imperante, pero ya no son una interrogante para las empresas, para las marcas, para toda institución o entidad que quiera interactuar con ellos porque ya hay respuestas de sobra y ahora son los propios millennials los encargados de hablarle a sus pares, de ahí la importancia de que prácticamente todos sean activos laboralmente. 

Hasta los más jóvenes que se colaron al mundo millennial ya tienen responsabilidades, sus concepciones del mundo van cambiando, así como sus prioridades e intereses. Muchos ya son padres, ya hablan como sus papás o sus mamás, les causa propia sorpresa escucharse repitiendo las frases de “adultos”. Ya pasan por el crudo proceso de que los más “chavos” les digan “señor, señora, don, doña” y ya ven a esos menores como “infantiles”.

Para la publicidad seguirán siendo un gran target, las marcas los han trabajado por tanto tiempo y es el momento de que rindan frutos porque ahora cuentan con un poder adquisitivo constante. Sin embargo, lo que debe hacer el marketing es adaptarse junto con la evolución de esta generación.

Entender la raíz de su nostalgia, los millennials -como toda generación- se aferran a que estos tiempos sigan siendo sus tiempos, quieren consumir lo que conocieron, lo que en su época fue de moda y que hoy ya no lo es. A todas las generaciones les pasa, gran parte de esos millennials van camino hacia ese sendero por el que muchos se sostienen: el de los “chavorrucos”, quieren extender su juventud aunque tengan responsabilidades laborales o familiares.

También hay que tener en cuenta que poseen un cierto resentimiento contra la generación que viene y los empuja a salir de la esfera del protagonismo. Los centennials vienen a desplazarlos, con un nuevo egocentrismo, llenos de vitalidad tecnológica, una generación en la que quieren ser influencers y que ahora son el enigma para todos, ¿cómo interactuamos con ellos? ¿cómo les hablamos? ¿cuál es su perfil?

Obviamente hay confrontación, los millennials no quieren ser como los centennials, incluso los critican y les gusta pensar que ellos abrieron el camino hacia ese mundo digital al que se han entregado sin reserva los centennials; es como decir: “tú disfrutas del camino que yo pavimenté”. Muchos se adaptarán como le pasó a la generación Z contra los millennials, otros quedarán anacrónicos en su estilo y unos más andarán a la deriva. 

Lo cierto es que para todos es una constante adaptación y tratar a todas las generaciones a la vez, sin prejuicios, con mente abierta. Las marcas que así lo han hecho son versátiles, frescos en su mensaje y tienen en sus audiencias a integrantes de todas las generaciones.