Generalmente la palabra “fracaso” se deja fuera de una política de trabajo, ya que ni siquiera se quiere mencionar en la búsqueda del cumplimiento de los objetivos y del éxito de una empresa o proyecto.

Sin embargo, fracasar es parte de los negocios y del emprendimiento en distintas etapas o momentos, quizá valdría la pena darle otra concepción al fracaso para incorporarlo dentro de los lineamientos, estrategias o en un plan de acción.

¿Cómo dar un espacio para el fracaso y en qué podría ayudarte esto? Si conceptualizas al fracaso como la falta de resultados, la detección de errores o el no alcanzar cierto objetivo o meta será útil para situarte en una realidad y tener un plan para estos casos.

Lo que estarías haciendo es minimizar el poder del fracaso que muchas veces se piensa como algo totalizador, algo que no tiene solución, casi para decir “fracasé, cierro el negocio, dejo mi proyecto o ceso en mi esfuerzo por emprender”.

Asimismo, si lo integras en tu plan de acción no quiere decir que lo atraigas o que estés mentalizándote para fracasar. Al concebirlo solamente como un bache puedes tener un margen de movimiento, de resolver o replantear en las estrategias para revertir ese fracaso y lograr el éxito.

Toma en cuenta que no por evadir la palabra en automático desaparecerá, en todo momento está latente porque en el mundo de los negocios o del emprendimiento siempre se está innovando, por lo tanto, arriesgando, pero hay que tratar de que sean riesgos controlados.  

Grandes empresas han integrado al fracaso dentro de su plan de acción, por ejemplo, Amazon da un margen para el fracaso en los proyectos que impulsa, para luego avanzar mediante un proceso de prueba y error.

De igual forma, Microsoft utiliza el método de pruebas beta cuando lanza productos permitiéndose el fracaso para mejorar, ya que son los mismos usuarios quienes prueban el producto y detectan los defectos.

Ahora ya lo sabes, no debes temerle al fracaso y más vale concebirlo en tus proyectos para que tengas una idea clara de qué harás cuando algo salga mal, dándole una vuelta al asunto, capitalizando el fracaso hasta convertirlo en un éxito. Si no das un espacio para el fracaso seguramente te tomará de imprevisto, con el riesgo de que te paralices y no generes ninguna solución.

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