El sueño de toda marca debería ser lograr lovemarks para que así cada una de sus estrategias se enfocarán a que sus seguidores sean fieles y amen a la marca como para hablar bien de esta, recomendarla y usarla sobre todas las demás marcas.

Una marca va de gane cuando se diferencia de su competencia al grado de que sus seguidores la ubican por tenerla en mente, pero el camino hacia los lovemarks es todavía largo. 

No basta conectar, ser funcional, atraer la atención y generar un engagement, porque todavía hay un nivel superior, al cual se accede después de mucho tiempo de estar a la vanguardia, de estrechar la cercanía con su audiencia y de humanizarse hasta que la marca realmente tenga una personalidad propia.

Esto parece fácil, pero realmente es complicado porque se requiere constancia, disciplina y tener siempre una respuesta sin importar los obstáculos o inconvenientes. Los lovemarks van más allá del consumo periódico de los productos o servicios de una marca, están tan conectados emocionalmente que se vuelven embajadores de la misma, en una de las mejores publicidades que alguien puede tener.

Una marca puede ser una empresa, un producto o una persona. El gran ejemplo de cómo se conectan los lovemarks con una marca lo vemos en la esfera musical o en el deporte, una banda, un cantante o un equipo deportivo al final son marcas y sus aficionados son sus audiencias.

Cuando nos gusta un equipo o un grupo musical gastamos para ir a verlos, los seguimos en sus redes y en toda comunicación que generen, compramos sus artículos, vamos a sus partidos o conciertos, usamos ropa y accesorios con esa marca, hasta podemos llegar a tatuarnos su logotipo o alguna referencia a ellos. 

No hay cuestionamientos y jamás podríamos cambiar un partido o un concierto por otro si no está el equipo o la banda que seguimos. Ese es el comportamiento de un lovemark y es a lo que deberían aspirar todas las marcas sin importar su giro.  

Obviamente por lo difícil de este camino no todos lo logran, pero es importante tener ese fin máximo para que las acciones de comunicación o publicidad ganen terreno en este aspecto. Pensemos en marcas como Apple, Coca-Cola, Harley Davidson, Porsche, Nike, que son ejemplos de empresas que han alcanzado esos niveles.  

Para ello es importante que una marca sea diferente en algo y ese algo lo destaque de tal forma que pareciera no tener competidores, es necesario generar una conexión emocional y esto se logra con el tiempo, con la respuesta y cercanía de la marca en un largo plazo. 

Cuando una marca se humaniza y se carga de una personalidad propia, tiene una voz, un mensaje, una actitud ante las cosas de la vida, tal como cualquier persona lo tiene y eso es lo que conecta con la audiencia, quienes se identifican con esa voz, con esa actitud, como si tuvieras un amigo o una persona que admiras y gustas de su compañía. 

La marca que lo logra no solamente comercializa, sino que tiene una postura ante la vida, un mensaje superior que no tiene que ver con lo comercial, cuenta buenas historias que llenan todos los sentidos, genera emociones y es sumamente compatible con aquellos que reciben el mensaje. 

Vale la pena estar cerca de las audiencias, conocerlas bien y permanecer con estas, debe haber un sentido de corresponsabilidad y hasta de gratitud de una marca para sus seguidores más fieles, con esto se estrecha el camino hacia los lovemarks.

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