Aunque las redes sociales hayan detonado de tal forma que parece apartarnos unos a otros para conectarnos en un espacio virtual, donde las reglas son diferentes, y pese a lo impersonal que pueden llegar a ser esos ámbitos digitales con el envío de un mail, un mensaje o un archivo, la necesidad de lo humano continúa imperando. 

Lo humano es lo que conecta y si conecta es porque hay alguna emoción, de ahí el uso e impulso de los emoticones o emojis, cuya función es darle ese tono humano a un mensaje de texto a distancia.

Sin el uso de emojis e íconos que representen actitudes, sentires y emociones, lanzar un mensaje sería tan frío que con la distancia y sin un contexto al estar en una plataforma o dispositivo digital tan encerrado, se perdería el impacto, efecto o hasta el mensaje completo.

Lanzar un texto sin expresividad paradójicamente hace que se pueda interpretar de todas las formas posibles. Seguro les ha pasado que mandan un mail, un mensaje por chat o alguna red social y no pueden resistir el impulso de agregar un emoji, un ícono, una imagen, algo que refuerce, oriente o ponga en contexto lo que quieren decir.

Los emojis son algo personal que mientras más íntima sea la relación más uso tendrán, de ahí que difícilmente en negocios o en contextos laborales o de trámites no se usen estos íconos, porque ahí no requieren nada más que un mensaje directo y textual.  

Estos íconos complementan al mensaje y en ocasiones son el mensaje mismo, cuántas conversaciones no se dan con puros íconos expresivos y los interlocutores lo decodifican, lo entienden. 

Si mandas un mensaje o lo recibes sin estos íconos emocionales ocurre que no te conectas o que mal interpretas, piensas si del otro lado están enojados, si hiciste algo; tu cerebro necesita ver esa expresión para orientar su conducta, porque de acuerdo con el emoji utilizado tu cerebro preparará una respuesta, una reacción.

Esto sucede porque los humanos como especie social leen a su interlocutor para determinar un contexto, de forma inconsciente el cerebro interpreta todo el tiempo, busca señales, si tiene a su interlocutor de frente observa rasgos para saber si hay enfado, si se pone a la defensiva, si tiene que reír o si necesita dar una respuesta más afectiva.

El emoji viene a llenar ese espacio en la comunicación digital. Por eso se han vuelto tan populares, por eso cada determinado tiempo se lanzan nuevas expresiones, nuevos objetos, a la vez que se actualizan de acuerdo con el contexto social del momento. 

No fue suficiente tener un like, se requerían más interacciones para las redes sociales y de ahí el peso que poseen para una marca, alguien que se dio el tiempo entre tantos estímulos digitales diarios para ver y reaccionar es porque conectó emocionalmente.

Los emojis no son cosa nueva ni propios de las redes sociales, desde los primeros chats y plataformas digitales están presentes íconos que nos direccionan, antes incluso de la Era digital los íconos emocionales o informativos daban señales a quien los tuviera en vista, de manera física, desde una señal de baño para determinar el género que podría pasar a ese espacio hasta una sustancia peligrosa que debe tratarse con cuidado.

Antes de las redes sociales ya se hacían expresiones con signos y letras del teclado, hasta que en 1982 aparecieron las primeras caritas amarillas representando una expresión. Originalmente se pensó en una forma resumida de escribir, pero con el uso de chats y redes la realidad de los emojis fue otra: se convirtieron en expresiones, es lo humano dentro de lo frío o distante del mundo virtual.

¿Lo habías pensado? Analiza cuáles son los emojis que más usas, piensa en un contexto en particular, te enojas poquito o estás enfurecido, hay grados de emociones y los emojis los han captado; solamente sonríes o lloras de risa, te sorprendes o te sorprendes asustado, estás enfermo o estás que te mueres, brindas con una copa o con tarros de cerveza. Los emojis tienen una vida propia y cada ícono está ahí para que cuentes una historia, para que los combines y expreses justo lo que estás sintiendo en tu afán de que el otro lo comprenda tal cual. 

Al final, somos humanos y la necesidad de sentir, nuestra empatía por algo o alguien, nuestro deseo de pertenecer o de aprobación; de ser queridos o de querer está ahí, aunque la representemos con íconos.

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